
A la manera de Forbes y Art News
LA LISTA DEL ITALIANO GIORGIO GUGLIELMINO
A la manera de Forbes y Art News , el italiano Giorgio Guglielmino, coleccionista y diplomático, reunió en Ladies & Gentlemen (Umberto Allemandi, Torino) los nombres de las 200 personas que dan la hora en el arte contemporáneo. Una tribu variopinta de curadores, artistas, galeristas, coleccionistas y directores de museos, cuyos roles se mezclan más allá de lo deseado. La tendencia dice que hay artistas que curan muestras, directores de museos que hacen de galeristas, coleccionistas que son curadores de museos y galeristas que devienen críticos. Esa línea roja que separa una actividad de la otra es tan delgada como la que divide las disciplinas de producción en las artes visuales del siglo XXI.
[Leer artículo: "Los 200 nombres del arte", por Alicia de Arteaga]

PEGGY GUGGENHEIM
Siete tragedias en mi vida de coleccionista
Un día tuve que separarme de un Delaunay maravilloso de 1912, llamado Disks , que había comprado en Grenoble cuando huyó de París ante la amenaza de los alemanes. Aquel cuadro terminó en el Museo de Arte Moderno. Su pérdida fue una de las siete tragedias de mi vida de coleccionista.
La segunda fue mi estupidez al dejar escapar la oportunidad de comprar un Miró en Londres, La Terre Laboureé , en 1939, por 1.500 dólares. Si ahora estuviera en venta valdría más de 50.000.
La tercera tragedia fue la perder un Kandinski de 1936, llamado Domina Curve . Lo vendí en Nueva York durante la guerra, porque hice caso de los comentarios de alguna gente que decía que era un cuadro fascista. Con gran dolor, volví a ver aquel cuadro en una exposición en Roma incluido en la colección de mi tío.
La cuarta fue la de no comprar La Pêche de Nuit Antibés de Picasso, porque no disponía de liquidez y no tuve la inteligencia de vender una parte de mi capital, tal como me aconsejó mi amigo y asesor financiero Bernard Reids cuando me ofrecieron el cuadro en 1950; también este cuadro está ahora en el Museo de Arte Moderno.
La quinta fue la de tener que vender una escultura de Henri Laurens y una espléndida acuarela de Klee para pagar el billete de Bellie van Doesbulg a Nueva York.
La sexta fue el robo en Art of This Century de los últimos Klee que me quedaban, salvo dos.
Pero el peor error fue el de regalar dieciocho cuadros de Pollock aunque me consuelo pensando en la gran suerte que tuve de poder juntar mi magnífica colección en una época en que los precios eran todavía normales, antes de que el mundo del arte se convirtiera en un mercado de inversiones.
"Una vida para el arte". Confesiones de una mujer que amó al arte y a los artistas.
Barcelona, 1990. Trad. Clara Gabarrocas
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