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RECOMENDACIONES
A LA HORA DE COMPRAR ARTE
El diario especializado artdaily.org destaca una serie de conclusiones y recomendaciones respecto a la autenticidad, valoración y compra de obras de arte, extraídas a partir de las múltiples conferencias, debates y seminarios llevados a cabo durante el desarrollo de la feria de arte internacional Art Basel 2010.
Si va a comprar una obra de arte...
Escuche a los expertos y profesionales del arte con respecto a los posibles problemas y oportunidades relacionadas con la pieza concreta en que esté interesado: cotización del artista, originalidad, valoración en el mercado actual, previsiones de futuro, etc.
Considere el posible valor de reventa, siendo consciente de que muchas obras de arte actual podrán subir de valor en el futuro, pero muchas otras podrían también depreciarse y valer menos mañana. Es un riesgo que debe asumir.
Tenga en cuenta los informes técnicos sobre el estado de conservación de la pieza. Los materiales con los que está realizada una obra de arte podrían no soportar bien el paso del tiempo o quizá se encuentre ya dañada de algún modo por anteriores intervenciones de restauración, por lo que es importante confirmar este punto.
El precio no siempre significa una constatación de la calidad de una obra. Dos piezas de arte no tienen por qué ser necesariamente iguales en valor histórico o artístico sólo porque se vendan a precios similares.
Tómese un tiempo razonable para realizar la compra. La sensación de estar presionado por las prisas, precio o cualquier otra circunstancia nunca es buena a la hora de adquirir arte. Trate de no comprar como consecuencia de una decisión espontánea, sino como algo pensado a largo plazo: cuando encuentre una obra que le ha gustado, aléjese de ella, sopese otras opciones y compruebe si pasado ese tiempo aún la recuerda y la desea como parte de su colección.
Investigue. Dedique el tiempo necesario para confirmar con expertos la autenticidad, la historia, el valor de mercado, el estado físico y cualquier otra información clave de la obra que va a adquirir.
Y, finalmente, compre lo que realmente le gusta. Es verdad que la compra de algunas obras de arte puede generar en el futuro importantes beneficios para el comprador, pero la motivación subyacente en la adquisición de cualquier pieza artística debe ser que verdaderamente le guste a usted.

HISTORIAL DE AUTENTICIDAD DE LA OBRA

En cuanto al eterno debate sobre la autenticidad de una obra de arte y sus posibles garantías de constatación legal por parte de los tribunales, los profesionales destacaron la importancia de contar con la autentificación de la pieza, cuya determinación debe estar realizada exclusivamente por tasadores oficiales, historiadores del arte, distribuidores, el propio artista vivo o una fundación dedicada a la obra de un artista ya fallecido.
Pero la determinación de lo que es o no auténtico va mejorando día a día gracias a los avances tecnológicos que continuamente aportan nuevos datos a los expertos, de modo que una pintura clasificada como auténtica en un momento determinado sigue corriendo el riesgo de ser anulada como tal años después, o al contrario. En cualquier caso, si ninguno de los expertos en un artista está dispuesto a confirmar oficialmente su autoría, los tribunales se muestran muy reacios a reconocerla y mucho menos el mercado, que no se atreverá a valorar la obra como verdadera.
Antes de hacerse con una obra de arte de estas características, los compradores deberían comprobar el historial de propiedad de la obra, consultar al propio artista vivo, a sus herederos o a un experto reconocido, revisar su presencia en anteriores exposiciones o subastas y consultar con un conservador de arte sobre la técnica utilizada. En el momento real de la compra debería exigirse un acuerdo escrito detallando la pieza que se compra y adjuntando las declaraciones y garantías de autenticidad existentes. Y después de la compra, tomar la precaución de proteger cuidadosamente todos estos documentos, ya que componen la única garantía real de su legitimidad.
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VALORACION DE LA OBRA DE ARTE

a imposibilidad de definir la artisticidad de un objeto producido por el hombre, y que llamamos convencionalmente arte, hace que las obras de arte se valoren según criterios no artísticos o estéticos sobreañadidos, sobre todo después de que la obra coleccionada o museada y fuera de su contexto, haya perdido su funcionalidad. De ahí que casi todos los valores sobreañadidos han nacido por razones del coleccionismo, del comercio del arte y como consecuencia de la museografia.
La antiguedad
La reflexión histórica nos obliga a considerar el valor antiguo de un objeto si tiene más de cien años. Sobre esta valoración se ha construido todo el canal del comercio del arte de los anticuarios. Pero no debe confundirse la antigüedad con la historicidad de un objeto: el primero es un valor cronológico y el segundo un valor cultural (popularmente se expresa con el dicho "no todo lo viejo es antiguo").
Al valor de antiguo se unen otras consideraciones: la procedencia del objeto, por razón de su propietario o cultura excepcional o rara; el exotismo y la rareza en cuanto a la poca frecuencia del tipo o modelo; la serie o pertenencia a un conjunto completo o no; la unicidad, contrapuesta a la multiplicidad en forma de copia o reproducción; la integridad del objeto conservado total, parcialmente o restaurado. Se considera íntegro y comerciable un objeto si conserva más del 25 % de su integridad primera y original. Estas consideraciones son valoraciones, sobre todo, de tipo mercantil y comercial.
La autoría
El reconocimiento del autor de la pieza, con firma o sin ella, aumenta la valoración de la obra, que cada vez depende más del autor, desde que los renacentistas aconsejan firmar las obras. Maestro, taller, escuela son valores escalonados de más a menos de tal forma que la autentificación de la firma o falsificación de la misma provoca un escándalo, aunque más en el mundo comercial que en el creativo, pero afecta también al museográfico.
El precio
El precio final de la pieza depende de los dos anteriores y de la importancia que se desee ofrecer por la crítica especializada. El precio hace que la ficción alcance cifras traducibles de la forma siguiente: cuanto más cara es una pieza, más artística parece. El valor de la inversión y comercio del arte se apoya en este principio: es arte lo que vale dinero y se revaloriza. El artista triunfa cuando ha alcanzado ciertos precios. La referencia "valor de ventas" es el baremo del éxito del artista.
La obra de arte, en su verdadero sentido, nada tiene que ver con el precio, porque no tiene valor de compra. Como máximo, una obra se puede robar, pero no se puede vender.
Por eso la historia del arte, al revés que el comercio del arte, ha de fundamentarse sobre valoraciones distintas: el arte tiene valor cultural, estético e histórico.

FALSIFICADORES FAMOSOS
Keating
Keating, el falsificador inglés más famoso de después de la guerra, ha negado hasta el cansancio que haya tratado jamás de hacer pasar sus pastiches por obras de otros artistas. Sin embargo, en 1976 se celebró en una galería privada de Londres una exposición de «obras recientemente descubiertas de Samuel Palmer». Todas las obras expuestas eran de Keating.
Han van Meegeren
La Cena de Emaús, de Han van Meegeren, en el estilo de Vermeer (1632-75) en óleo sobre tela se trata de la falsificación más conseguida del más grande falsificador de nuestro tiempo, que tan bien hizo tragar el anzuelo a los expertos. Pero no consiguió engañar a todos. Su éxito temporal se debió en parte al hecho de que pintó sus cuadros inmediatamente antes y durante la Segunda Guerra Mundial. Las insólitas circunstancias impidieron un examen adecuado.
Algunos expertos se dejaron engañar hasta tal punto por las falsificaciones de van Meegeren que se resistían a creer su afirmación de que él mismo las había pintado (muchos falsificadores sienten una necesidad patológica de dar a publicidad su fraude). En 1945 pintó un «Vermeer» bajo la supervisión de la policía. En 1947, poco antes de su muerte, fue llevado a juicio.
Elmyr de Hory
En la "Mujer con sombrero", de Elmyr de Hory no podemos decir que nos encontremos ante una falsificación, sino más bien ante una mala copia del celebrado retrato fauve que hizo Matisse de su mujer (Mujer con sombrero, 1905, colección privada). El extravagante De Hory pretendía haber vendido muchas falsificaciones de pinturas modernas a coleccionistas privados, no tanto para su ganancia personal como para poner de manifiesto la corrupción y avaricia imperantes en el mundo del arte. Sin embargo fueron muy pocos los expertos que se dejaron engañar por los pastiches de De Hory. Cuando se hizo famoso, De Hory se ganó la vida haciendo pastiches y copias que firmaba con su propio nombre de pila.
Lionel / John Constable
Una comparación de un paisaje de John Constable ("Árboles de Hampstead: el sendero de la iglesia", de John Constable; óleo sobre tela; 91 x 72 cm.; 1821?, Victoria and Albert Museum, Londres), con otro de su hijo Lionel ("En las inmediaciones de Stokc-by-Nayland, óleo sobre tela; 36 x 44 cm.; c 1820; Tate Gallery, Londres) demuestra lo fácil que resulta atribuir erróneamente un cuadro. La gama de colores, el tratamiento del cielo y del follaje así como el enfoque del tema resultan sorprendentemente similares en ambos. Sólo un cuadro inspirado y una paciente investigación pueden desembocar en una atribución acertada.
FALSIFICACIONES EN LA HISTORIA DEL ARTE
Las falsificaciones son tan antiguas como el arte. En la antigua Roma circulaban cuencos de plata «egipcios» fabricados por fenicios dispuestos a explotar una moda. Se hicieron falsificaciones de obras de algunos maestros italianos del Renacimiento cuando todavía vivían sus autores.
La fruición con que narran los periódicos el descubrimiento de falsificaciones y falsificadores rodea a la cuestión de un atractivo irresistible. Se presenta a falsificadores como Hans van Meegeren, Elmyr de Hory y Tom Keating como héroes románticos, capaces no sólo de engañar a los acaudalados y presuntuosos, sino también a sedicentes expertos en arte, cuya destreza se revela bien falible.
Según se dice «Corot pintó 10.000 cuadros, de los cuales hay 25.000 en los Estados Unidos».
La broma tiene su base real. Durante las postrimerías del siglo XIX, los paisajes de Corot alcanzaron tanta popularidad, que su falsificación cobró las proporciones de pequeña industria artesanal. Una prueba semejante de la popularidad de un artista fue la que dieron en época más reciente los falsificadores de las obras de Van Gogh, Gauguin y Picasso, y más de un millonario del petróleo tejano se ha visto obligado a reconocer que la mayor parte de su costosa colección de impresionistas son falsificaciones.
Pero los informes sobre los maestros de la falsificación que da la prensa son casi siempre exageraciones sensacionalistas. Las falsificaciones convincentes son extraordinariamente raras. La mayoría de los expertos son tan buenos como pretenden. Hubo quienes se dejaron engañar por los «Vermeer» de van Meegeren, pero no fueron todos, ni mucho menos, y la mayoría de los expertos pusieron en duda la autenticidad de los «Samuel Palmer» de Keating mucho antes de que su fraude se pusiera al descubierto. Las víctimas de los falsificadores son la mayoría de las veces personas demasiado orgullosas para consultar a un experto o demasiado tontos para comprar un cuadro a un marchante de reputación.
Resulta sumamente difícil hacer una falsificación sólo convincente a medias. No pocas dificultades presenta ya el hecho de imitar el estilo de otra persona. Y todavía más difícil es hacerlo utilizando el mismo tipo de materiales para que resista un examen científico. La mayoría de las falsificaciones no lograrían engañar siquiera a un aficionado dotado de un conocimiento imperfecto de la obra del artista en cuestión.
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FALSA O VERDADERA
La mirada del experto, sensible a las características peculiares del estilo de un artista, raras veces se deja engañar, y en caso de duda, se puede recurrir a la ciencia y a la documentación.La ciencia puede calcular la antigüedad de una pintura, de la tela, de la madera o del metal; los rayos X pueden revelar lo que hay por detrás de la superficie. En algunos casos, los documentos pueden proporcionar una cadena de conexiones que nos remontan al pasado, en ocasiones, hasta llegar al propio artista. Los objetos genuinos, a diferencia de las imitaciones, siempre tienen historia.
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