Volvía de ver una exposición en una galería de arte de Barcelona, y mientras pensaba en el progreso del arte en este estado de incertidumbre, me vino a la cabeza el estribillo de Elegant Machinery: “Sé que es duro, dejando todos tus recuerdos a un lado, pero tienes que intentarlo, para cambiar tu mente”.
Delante de este cambio o salto generacional al que nos enfrentamos (y con cambio generacional me refiero a las veloces, desajustadas e infinitas variaciones a las que la sociedad contemporánea se ve expuesta), debemos comprender que algunas de las nociones e instituciones que hasta ahora teníamos asumidas como modelos de referencia, se han visto afectadas, en cierto modo por no adaptarse a los engranajes propios de las necesidades y carencias actuales, con las que nos chocamos de forma casi cotidiana en el campo de la cultura nacional.
Para empezar a desarrollar este entramado de problemáticas que van desde la política cultural hasta la actitud de los propios artistas, es necesario hablar de la jerarquización de las instituciones culturales nacionales. Existe una especie de niveles, parecidos a los de un videojuego, en el que el protagonista es el artista, y el jugador la institución cultural. Un artista, obviamente emergente, empieza por la institución educativa (en la mayoría de los casos), que legitima su obra y su quehacer artístico que de alguna forma es moldeado. Este artista debe hacerse visible para empezar a ser un artista como tal.
Me gustaría puntualizar mi teoría acerca de que si una obra no se exhibe, no existe, y por tanto, el artista tampoco.
Seguimos. En general, la forma de visibilizarse dentro del engranaje cultural emergente, es a través de las convocatorias públicas o privadas. Estas suponen un filtro institucional que exhibe proyectos concretos de artistas que siguen una especie de línea imaginaria que la institución traza, y que viene legitimada por los propios espectadores. Me explico. Los artistas-público tienen una cierta tendencia a magnificar el estado de las obras expuestas, y por tanto a los artistas. Este comportamiento, digno de estudio, se resume en una conducta generada desde los filtros institucionales. El público-artista ve la obra expuesta, legitimada por un jurado, y la aprueba como interesante, ya sea a nivel formal o conceptual. Por tanto, es “inspiradora”, y como resultado, repetible. Tengo la teoría, de que este orden de actuación, está formado por una generación exhibida (1) que ensalza a los seres mediáticos, tan solo por serlo, y que su trabajo-obra, en ser expuesto, y por tanto legitimados por una serie de personajes pseudo-públicos, se convierte en un referente de proceso y pensamiento.
Evidentemente, el canal institucional, cumple su función de promocionar y ayudar a la producción de proyectos para artistas, y en la mayoría de su casos lo hace con muy buena intención. El resultado de las actuaciones del público no concierne a la misma. De lo que si debería ocuparse, es de unas selecciones mas rigurosas y estrictas. El formato de dossier que valida el discurso y los intereses de un artista, es un tanto caduco. Debemos conocer al artista, conversar con él o ella, y sacar concusiones desde la primera persona que nos presenta su trabajo, o quizás buscar otro método que no solo sea la validación mediante un portafolio bien diseñado.
Esta es la primera barrera jerárquica con la que nos encontramos para poder exhibir nuestra obra, la de las convocatorias públicas o privadas.
En un escalón mas abajo de las convocatorias en artes visuales, se encuentran los centros de producción. Estos centros, mediante una selección previa, alquilan o ceden talleres a artistas para desarrollar su trabajo. Considero que el formato del centro de producción, da solución a una necesidad que tienen los artistas emergentes. Además, a veces, una de las experiencias mas enriquecedoras, es la de trabajar mano a mano con otros artistas de una misma generación que intercambian ideas o conceptos que “mejoran” la calidad de las obras producidas en este tipo de centros.
Sin embargo, los centros de producción, no se ocupan de difundir las obras de los artistas o de ponerlos en contacto con otros agentes que examinen su trabajo. No se si es competencia del centro de producción realizar esta tarea, pero si el centro de producción se ocupa de albergar estudios de artistas y de ayudar a producir sus trabajos, ¿no sería lógico poder difundir su obra en mayor o menor medida, o bien comunicar a los espacios pertinentes de exposición y varios, que los artistas están desarrollando una tarea artística que puede ser exhibible?
El modelo de centro de producción artística necesita un repaso, ya que como agentes culturales, deben desarrollar un rizoma comunicante entre esferas culturales para generar un entramado cultural en contacto con otros espacios, con la finalidad de promocionarse y desarrollar la ardua tarea de formar un tejido socio cultural que beneficie a la cultural nacional para enfocarla a nivel internacional.
Otro formato, ubicado en el siguiente nivel de las convocatorias públicas o privadas (y este sí me atrevo a decir un tanto “pasado”), es el de las galerías de arte y todo el sistema que representa. El sistema de galerías de arte nacional cumple una valiosísima labor dentro del mercado del arte, pero su sistema y su engranaje empresarial debe renovarse por completo, dando mas cabida a artistas nacionales, y desarrollando un trabajo de promoción internacional real, con material que aporte aspectos en el pensamiento contemporáneo.
El modelo de galería de arte nacional, en su mayor medida, es el de una especie de “supermercado” del arte. Al fin y al cabo es su finalidad principal, la galería de arte es un negocio, y los responsables no pretenden hacen historia del arte.
No obstante, debemos considerar que ese quehacer, debe encontrar un equilibrio entre el formato de negocio y el de crear una historiografía cultural que escriba y repiense constantemente el arte y el pensamiento creado actualmente. Quiero apuntar que el formato expositivo, es útil para que los artistas “existan” como tales, y las muestras realizadas en espacios alternativos a la galería de arte, son igual de validos, necesarios e importantes, ya que exponen un trabajo, a menudo no comercial, de una realidad artística que pasa en cada una de las ciudades en las que suceden acciones que pasan desapercibidas. Otro tema dentro de este punto, es el de la “ligereza” con la que algunos de estos centros exhiben obras de artistas, o que su programación, a veces, sea un tanto dudosa. Por supuesto como espacio privado tienen el derecho a hacer lo que quieran, pero como espectadores también tenemos el derecho a expresar nuestra opinión.
Las galerías de arte dedicadas a la creación contemporánea, deben afrontar su negocio como un espacio cultural que no solo muestre obras de artistas, sino que estas se acerquen al público para poder dar voz al artista y se haga eco social, que el artista no sea un ser inaccesible, sino alguien que explica su trabajo y sus preocupaciones socio culturales, con la finalidad de cerrar esa brecha entre arte y sociedad que pudre el sistema cultural del país. A parte de ese apunte, la galería debería ocuparse de realizar eventos, exposiciones y varios que acerquen a coleccionistas y nuevos compradores. Una de las grandes iniciativas que Barcelona ha tenido en estos últimos tiempos, y digna de admirar, es La tardor de l’art (El otoño del arte). Un acontecimiento que expone obras de diferentes artistas, con varias actividades al respecto. Impulsado por el Gremi de galeristes de Catalunya, el programa acerca al ciudadano de a pié obras de artistas, colecciones públicas y privadas y varias actividades al respecto que rompen con los esquemas individualistas de las galerías como espacios de competencia que deben “pisar” al enemigo.
Este rizoma del que el mecanismo cultural nacional debería hacerse eco, resulta ser una pirámide jerárquica con filtros institucionales que deben renovarse.
Si nos adentramos en el terreno de los museos de arte contemporáneo, el tema es un poco mas complejo. El modelo español parece ser que no se centra en el terreno de la producción nacional, y la economía del estado dirigida a la cultura contemporánea, es variable y depende de las competencias regionales. Es cierto que de esta manera se pretende incentivar las colecciones regionales de arte contemporáneo, de cada una de las comunidades autonómicas, pero así, el gobierno no consolida una plataforma sólida para una cultura nacional, solo divide esas competencias en estados de poder que no centran su capital monetario en cultura, porque fundaciones privadas u otras instituciones públicas “ya se ocupan”. Finalmente tenemos como resultado instituciones que acaban por buscar financiación privada o ayudas de empresas, ya que el gobierno regional no se ocupa de ello...
Como ejemplo tenemos a un par de artista catalanes, que siendo invitados a la Bienal de Venecia en el pabellón catalán, tuvieron que pagarse desde el viaje hasta el alojamiento. Esa es la magnífica aportación de la división cultural del gobierno central.
Por tanto, tenemos conciencia de que existen unos pasos, o jerarquizaciones, a la que los artistas se enfrentan, y que no permiten que estos divulguen su trabajo, y como resultado, la cultura artística nacional se vea afectada por este desorden cultural.
Debería existir una verdadera comunicación entre todos los centros dedicados a la cultura artística emergente o consolidada, solo de esa manera podemos desmembrar esta gestión individualista, y crear un sistema poderoso del panorama del arte contemporáneo nacional.
¿Porque no existe una verdadera Bienal de arte español?
¿Porque no existe un programa de coleccionistas a partir de ventas en subastas de arte contemporáneo?
¿Porque no se internacionaliza a los artistas españoles?
¿Porque no hay comunicación entre el arte emergente y las instituciones públicas o privadas?
¿Porque no hay contacto entre Universidades de arte o escuelas y centros de producción o exhibición?
Por una gestión desmembrada.
...To change your mind
1. Una generación de auto-representación mediática. Que se ha formado a partir de la exhibición de su auto-imagen o imágenes que construyen conceptos.