a iluminación de una escultura es decisiva. Los puntos de luz pueden
ser focos fijos (empotrados en el techo) o bien montados sobre railes
para poderlos mover libremente.
Según reciba la luz una obra escultórica
cambia por completo su contemplación.
1.- Una iluminación suave y sin distorsionarla es la que se consigue
con un foco cuya luz la proyecta rebotada desde la pared.
2.- Si la escultura requiere una iluminación amplia se logra con dos focos:
uno dirigiendo la luz hacia el techo para que la reciba rebotada y otro
directamente hacia la obra.
3.- Si no se pretende acentuar los volúmenes de la obra, la iluminación
apropiada es la que le llega difusamente desde arriba.
Si la luz se proyecta fuerte y desde un sólo ángulo resalta los
volúmenes de la misma, acentuando y endureciendo su expresividad.
Señala Leonardo que una de las diferencias entre pintura y escultura consiste en que la primera posee luz propia, mientras que la luz de la escultura es exterior.
Como se explica en Las claves de la escultura / la luz "es preciso advertir que la escultura posee dos luces: la propia, la que el mismo escultor procura al trabajar los planos del volumen, con sus salientes y entrantes, y la del foco luminoso que la alumbra."
Podemos, pues, percibir conjuntamente un foco luminoso, el claroscuro de la escultura y las sombras que emiten los volúmenes más allá de la figura.