EL PUBLICO Y EL PRESTIGIO SOCIAL
a parte del público que no compra, aunque demuestra cierto interés por el arte, sirve notablemente (aunque de una forma indirecta) para aumentar las ventas, porque, al contribuir a elevar el prestigio social de las obras de arte las convierte en más apetecibles para los pocos que pueden permitirse el lujo de adquirirlas. De hecho, una gran parte del placer de los poseedores de obras de arte nace del hecho de sentirse superiores a todos los que deben limitarse a desearlas o a "disfrutarlas" sólo estéticamente.
Los aficionados que frecuentan regularmente las galerías por puro placer estético, sin interesarse por el valor económico del arte, no existen en la práctica.Por consiguiente, dejando al margen los visitantes ocasionales, el que frecuenta las galerías sin comprar nada es porque no tiene dinero o hace poco tiempo que se interesa activamente por el arte.Estos últimos, compradores y coleccionistas en potencia, condicionados por la atmósfera del ambiente la mayor parte de las veces, al cabo de cierto tiempo empiezan a efectuar alguna adquisición. Si le cogen gusto a la cosa y continúan comprando, obsesionados por el cultivo de los "nobles intereses", al poco tiempo se consideran cada vez más expertos y, casi inevitablemente, se convierten en verdaderos y auténticos coleccionistas.
Por supuesto, que los coleccionistas no presentan una categoría homogénea sino que se pueden dividir en pequeños, medianos o grandes, por un lado; y también en coleccionistas con finalidades culturales o especulativas, o bien de tipo mixto.

LA CRITICA DE ARTE
Como función comunicativa
La critica de arte es una función comunicativa que se dirige no sólo al público en general y a los artistas en particular, sino al gran público lector que desea información sobre los aspectos estructurales del arte.
La información, pues, como toda comunicación, ha de ser veraz y objetiva. Ha de ser particularmente honesta y sin duda alguna ha de tener las características, si bien subjetivas como toda función estimativa subordinada al criterio de quien la ejerce, ontológicas que se pide a toda comunicación dirigida a las masas, o a élites más o menos nutridas.
(...)
Por generalización, llamamos obra de arte, literaria, musical, etcétera, a todas aquellas manifestaciones sociales externas que un artista pone de manifiesto como resultado de una intencionalidad creadora. Al señor que habla ante tales muestras particularizadas o escribe sobre ellas se le llama también, para particularizar, creo yo, "critico de...". Y aquí comienza la transposición de los valores; de aquí arranca el estado pavoroso de los niveles criticos. Porque el tal señor que habla o escribe ante tales muestras particularizadas o externas no es un crítico. Es, si acaso, un cronista, un reportero de arte, de música, literario, etcétera.Con toda la honra y calidad que lleva consigo tan noble profesión. Pero insisto, cronista o glosador que viene a ser el denominativo que se dá a si mismo todo aquel que pastelea con la critica de arte y asigna calidad a todo lo que ve sin disentir nunca.
(...)
Esta es la cuestión.Por mucho que duela decirlo, hay que decirlo. Padecemos una epidemia de oportunismo que se manifiesta en esos pequeños grupos intelectuales constituídos en clan.
(...)
Más la critica, todos lo sabemos, aspira a unos niveles diferenciados del pensamiento reflexivo, muy diferentes a los asignados por aficionados y glosadores satisfechos con escribir para los amigos.

Texto resumido de un artículo de Fernando Mon, publicado en el año 1984, en el número 44 de la revista "DIART".

LA VISION DE GOÑI
Haga click sobre esta imagen para contemplar la interpretación dibujística que el artista Goñi ha realizado sobre la relación entre arte y marketing.

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